Quizá el título de este post pueda resultar familiar. Si no, un breve resumen os pondrá en situación. Pandora fue la primera mujer creada por Zeus, para introducir los males entre los hombres, cosa que ella hizo abriendo un ánfora que contenía todos los males. Todo esto tiene un trasfondo machista que no comentaré ahora, pero para continuar con el hilo con el que he empezado y no enredarme en otras hebras, diré que yo tenía mi propia caja de Pandora. En concreto una pequeña caja fuerte verde, que había traído conmigo sabiendo lo que tenía dentro, pero sin saber cómo me afectaría. No sabía cuántos "males" podía destapar si abría la caja.
Ayer de casualidad encontré la llave, no la estaba buscando, sólo la encontré. Y hoy la he abierto.
Dos botes de pastillas, algunos papeles de banco y unas cartas. Los botes de pastillas, ya caducados, eran de mi madre, parte del tratamiento que recibía para la depresión, y las cartas eran de algunos ex a los que convencí para escribirme a mano. Suponía que las pastillas y una de las cartas iban a ser el mayor de los males, pero para mi sorpresa no ha sido así. Me he obligado a leer las cartas, y las imágenes que evocaban estaban perfectamente claras en mi cabeza. Pero nada más. Me han provocado un pinchazo, un pellizco de nostalgia. Pero nada más.
Nuestro pasado está ahí, y es las sumas, restas, multiplicaciones, divisiones y demás operaciones que han causado el resultado que somos ahora. Pero no van a cambiar por mucho que las posicionemos en una caja, en un cuadro, en una lágrima, o en una sonrisa. Pensando en ahora, en MI ahora, me doy cuenta de que la época de incertidumbre de la enfermedad de mi madre, o de la ruptura con esos ex, ha pasado. Ahora estoy aquí porque he elegido estar aquí, y he luchado para ello, y no es justo que mi presente se pueda enturbiar por mi pasado, porque no va a cambiar nada, ni me va a enriquecer en nada.
Tratando de seguir la sabia aunque complicada filosofía de la persona con la que comparto mi vida, trataré de quedarme con los buenos recuerdos y, aunque me cuesta porque fueron épocas de dolor y desengaño, intentaré sonreír a esas épocas pasadas, aunque también intentaré firmemente que se queden dónde estaban.
Alba.
domingo, 30 de enero de 2011
sábado, 29 de enero de 2011
Se quedó tras los cristales de colores.....
Ayer, 28 de Enero de 2011, murió la abuela de la persona con la que comparto mi vida.
Era mayor, había vivido una vida plena, con hijas que a su vez hicieron su vida y tuvieron hijos que a su vez están haciendo la suya. Su muerte fue rápida e indolora, e incluso pudo disfrutar de los primeros años de vida de algunos bisnietos. Pero no pude evitar ponerme triste.
Cuando recibí la noticia estaba con una amiga a la que le quedan menos de 2 semanas para ser madre por primera vez, y tras recibir la llamada tuve una visión clara del círculo que es la vida.
El dolor en el tanatorio era compartido por todos los que vinieron a acompañar a la familia, y la entereza de las hijas que sufrían la pérdida me llenaba de admiración.
Hoy se realizaba un Culto en el tanatorio para recordarla, y después la acompañábamos en su último viaje hasta el crematorio de la Almudena. El Culto era cálido y a la vez vacío, lleno de significado y también superficial. No hacía justicia a la difunta, pero reconfortaba a amigos y familiares.
Toda la lógica, todo el consuelo espiritual, y toda la entereza abandonaban a los asistentes ya en el crematorio, y las lágrimas al dar el último adiós a una madre, una hermana, una tía, una abuela, ocupaban los ojos de muchos, y nuestro corazón daba un vuelco cuando las cortinas se cerraban delante del féretro.
En mi caso, las lágrimas no eran sólo de pena por la pérdida, sino también de homenaje y agradecimiento, porque si no hubiera sido por ella, entre otras personas, yo no podría tener a la persona a la que más adoro, y con la que comparto mi vida.
Por eso mi último pensamiento hacia ella fue "Gracias", mientras se cerraban las puertas de la sala, y ella se quedaba tras los cristales de colores.
Alba.
Era mayor, había vivido una vida plena, con hijas que a su vez hicieron su vida y tuvieron hijos que a su vez están haciendo la suya. Su muerte fue rápida e indolora, e incluso pudo disfrutar de los primeros años de vida de algunos bisnietos. Pero no pude evitar ponerme triste.
Cuando recibí la noticia estaba con una amiga a la que le quedan menos de 2 semanas para ser madre por primera vez, y tras recibir la llamada tuve una visión clara del círculo que es la vida.
El dolor en el tanatorio era compartido por todos los que vinieron a acompañar a la familia, y la entereza de las hijas que sufrían la pérdida me llenaba de admiración.
Hoy se realizaba un Culto en el tanatorio para recordarla, y después la acompañábamos en su último viaje hasta el crematorio de la Almudena. El Culto era cálido y a la vez vacío, lleno de significado y también superficial. No hacía justicia a la difunta, pero reconfortaba a amigos y familiares.
Toda la lógica, todo el consuelo espiritual, y toda la entereza abandonaban a los asistentes ya en el crematorio, y las lágrimas al dar el último adiós a una madre, una hermana, una tía, una abuela, ocupaban los ojos de muchos, y nuestro corazón daba un vuelco cuando las cortinas se cerraban delante del féretro.
En mi caso, las lágrimas no eran sólo de pena por la pérdida, sino también de homenaje y agradecimiento, porque si no hubiera sido por ella, entre otras personas, yo no podría tener a la persona a la que más adoro, y con la que comparto mi vida.
Por eso mi último pensamiento hacia ella fue "Gracias", mientras se cerraban las puertas de la sala, y ella se quedaba tras los cristales de colores.
Alba.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)